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Rojo

Ensayo fotográfico

Rojo nació como parte del portafolio final de BASE, en LENS. El ejercicio pedía reunir trabajos de distintos géneros fotográficos y poner en práctica lo aprendido durante el curso: retrato, moda, editorial, bodegón, arquitectura, iluminación, postproducción. Como tenía que producir imágenes muy distintas entre sí, quise encontrar algo que las conectara.

Elegí, precisamente, un color que durante años había intentado evitar.

El rojo aparecía una y otra vez en mi trabajo y en mi vida, casi siempre sin ser invitado. En proyectos de interiorismo, sesiones de fotografía, objetos que llegaban a mi casa. Al mudarme a Madrid su presencia se volvió todavía más evidente: estaba en los bares, las fachadas, las fiestas, mi escuela, mi edificio, incluso dentro de casa. Hasta que, en algún momento, dejé de verlo como una intromisión y empecé a buscarlo. Las amapolas de primavera terminaron de cambiar algo.

La primera sesión que imaginé para la serie fue también la que más me incomodaba: fotografía de moda en estudio. BASE había supuesto cuestionar muchas ideas que tenía sobre mi propia manera de fotografiar. Mi resistencia a crear luz en lugar de encontrarla, mis prejuicios hacia la postproducción, las dudas sobre mi equipo, mi mirada y hasta sobre si quería realmente dedicarme a la fotografía.

Juntar el estudio y el rojo fue una manera de trabajar desde esa incomodidad en vez de esquivarla. No tanto para demostrar que ya dominaba aquello que me costaba, sino para comprobar qué podía aparecer si dejaba de defender tanto la forma en que estaba acostumbrada a hacer las cosas.

Al final, Rojo terminó hablando menos de un color que de una reconciliación. Con ciertas herramientas, con una ciudad nueva, con el cambio y con una versión de mí misma que todavía estaba aprendiendo a reconocer.