










Lo que me trajo aquí comenzó como una serie de retratos de Pablo, pero desde el principio fue también una forma de hablar de mí.
Años antes había empezado a preguntarme por la forma en que las mujeres retratamos a los hombres. Me interesaba especialmente cierta representación de la masculinidad alejada de la exhibición de fuerza: hombres vulnerables, tranquilos, suaves. Durante un tiempo pensé que quería explorar esa idea a través del desnudo masculino, hasta que entendí que el cuerpo en sí era casi lo de menos. Lo que realmente me interesaba era esa vulnerabilidad y la posibilidad de mostrar a un hombre sensible sin restarle masculinidad.
Cuando, durante el curso BASE en LENS, tuve que realizar un ejercicio de retrato, terminé recurriendo a mi resignado muso. La pregunta entonces fue mucho más sencilla y bastante más difícil: ¿cómo conseguir que mirara a la cámara como me mira a mí?
A partir de ahí el proyecto empezó a construirse casi solo. Un día lo vi vestido en distintos tonos de azul y ese color se convirtió en un hilo. Al maquetar las imágenes aparecieron fotografías de mi archivo personal del mar y de Gran Canaria, de donde él viene. Se fueron sumando asociaciones que no había planeado: el azul, la calma, la profundidad, las montañas, la fortaleza, las capas, el origen.
Pero fotografiar a Pablo era también fotografiar aquello que me había traído hasta aquí. Su apoyo tuvo mucho que ver con que pudiera tomar una decisión tan abrupta como mudarme y empezar una vida nueva. Probablemente, sin esa mezcla suya de firmeza y calma, habría intentado mantener un pie en cada sitio durante mucho más tiempo.
El proyecto habla también de una idea con la que he tenido que reconciliarme: la facilidad. Crecí, como tantos, escuchando que lo bueno cuesta, y durante mucho tiempo desconfié de las cosas que parecían suceder sin suficiente resistencia. Con él empecé a entender que algo puede ser importante sin tener que ser difícil.
Al final ya no sé si buscaba una mirada, una masculinidad, una vulnerabilidad, un color, un paisaje, una forma de compañía o simplemente un pretexto para fotografiar. Quizá el proyecto sea justamente el encuentro de todas esas cosas: pequeños fragmentos que, puestos juntos, terminan contando algo sobre quiénes somos y sobre aquello que nos trajo hasta aquí.
